Pastoral Palabra y vida

Pablo, el llamado

Pablo, el llamado

P. (Dr) Augustine Kanachikuzhy SSP

La experiencia de Damasco

El relato de lo que le sucedió a Saulo en el camino a Damasco, registrado en He 9,1-19, es un episodio bien conocido por todos. Aunque la historia se cuenta tres veces en los Hechos de los Apóstoles (también en He 22,6-16 y He 26,12-18) con matices ligeramente diferentes, la trama fundamental está clara: Saulo iba de camino a Damasco con el permiso y mandato de las autoridades judías de Jerusalén para arrestar a los seguidores de Jesús. Durante el trayecto, fue cegado por una luz tan brillante que superaba el resplandor del sol del mediodía, lo que hizo que Saulo cayera al suelo. Mientras yacía en tierra, escuchó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué mi persigues?». Como Saulo aún no sabía quién le hablaba, preguntó: «¿Quién eres, Señor?». Jesús se identificó diciendo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues».  La respuesta de Jesús indica con claridad que perseguir a sus seguidores equivale a perseguir a Jesús mismo. A continuación, Jesús le ordenó que entrara en Damasco y esperara más instrucciones. Cuando Saulo se levantó del suelo, se dio cuenta de que ya no podía ver, a pesar de tener los ojos abiertos. Tuvo que ser llevado de la mano hasta Damasco, donde permaneció ciego durante tres días, sin comer ni beber nada

La transformación de Saulo y el testimonio de Pablo

Antes de su encuentro con el Señor, Saulo buscaba acabar con aquellos que seguían a Jesús; pero ahora, ni siquiera puede encontrar su propio camino sin la ayuda de los demás. Entonces, Jesús guio a un creyente llamado Ananías, que vivía en Damasco, para que fuera a curar a Pablo de su ceguera y lo bautizara. En su correspondencia con los Corintios, Pablo escribe sobre su encuentro con el Resucitado en el contexto de las apariciones post-pascuales de Cristo: «Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez… Y último de todos, como a un abortivo, me apareció también a mí» (1Cor 15,6-8). Aquí, Pablo insiste en que él no es menos receptor de una llamada del Señor resucitado que los demás apóstoles y seguidores. En otras palabras, aunque el propio relato de Pablo no ofrece mucha información específica sobre la dinámica de su conversión, sí afirma con rotundidad que Dios le reveló a su Hijo, y esto es lo único esencial. El eminente biblista Joseph A. Fitzmyer escribe que este episodio relata una «cristofanía» reveladora, una «manifestación del Hijo de Dios» a Saulo, que le imprime la necesidad de la fe en Cristo como el camino de salvación para todos los seres humanos. Narra cómo el poder del Cristo resucitado transforma incluso al archipersecutor de su Iglesia en su más ardiente defensor y destacado testigo.

La fuerza de la gracia divina

En el curso del episodio, el Cristo resucitado instruye a Ananías diciéndole que Saulo está destinado a ser «un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel» (He 9,15). Él es, por tanto, el «vaso de elección», elegido por Dios mismo para dar testimonio en su nombre. Él será quien lleve ese testimonio «hasta los confines de la tierra» (He 1,8), y sobre esta experiencia se fundamenta su derecho e insistencia en ser llamado «apóstol» a pleno derecho (ver 1Cor 9,1-2). La llamada de Saulo para ser un «instrumento elegido» sigue siendo uno de los mayores prodigios de la gracia divina en la historia universal, no solo en la del cristianismo. El perseguidor por excelencia de los cristianos fue transformado por la llamada de Cristo en el «apóstol de los gentiles» (Rom 11,13). El relato lucano de esa llamada y transformación proclama la fuerza soberana del Cristo resucitado en la vida de un ser humano. «El hombre propone, pero Dios dispone», como bien dice el antiguo proverbio. Esta historia sobre la llamada de Saulo no es simplemente el relato de una «conversión» psicológica, como a menudo se la cataloga, sino la historia de cómo la gracia divina transforma la vida de un perseguidor. No es la historia de la conversión de un gran pecador, sino más bien de cómo el cielo puede desbaratar la persecución contra el pueblo de Dios. El drástico giro o «conversión» de Saulo es el cambio de un perseguidor fariseo a un vaso elegido por el propio Cristo para dar testimonio en su nombre. La mayoría de los comentaristas y eruditos coinciden en que la historia de Pablo es un relato de misión o vocación que se asemeja notablemente a los relatos de las llamadas de los profetas en el Antiguo Testamento.

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